4 de Diciembre, 2009
Visita a la Unidad 31 de la Cárcel de Ezeiza
El 30 de noviembre pasado he visitado nuevamente la Unidad Penitenciaria Nro. 31 de Ezeiza, donde se encuentran recluidas mujeres con sus hijos e hijas pequeñas.
El objetivo de mi visita era acercar regalos que compramos con los diputados de la Coalición Cívica para los niños y niñas en vista de las fechas navideñas y averiguar las condiciones actuales de vida de las detenidas y sus pequeños/as.
Es necesario recordar que en esta cárcel existen siete pabellones que contienen a mujeres condenadas y procesadas y a un total de 49 niñas/os cuyas edades oscilan entre cero y cuatro años que se encuentran recluidos allí con sus mamás.
La situación en esta cárcel es compleja y las mujeres que charlaron conmigo me acercaron muchas demandas y preocupaciones básicamente vinculadas con la situación de sus hijos e hijas. Uno de los reclamos de mayor peso refiere a la imperiosa necesidad de que se constituya una guardia pediátrica permanente para la atención de los pequeños/as.
El segundo se vincula con el control fehaciente del estado de los alimentos que se les proveen. Ellas han expresado en muchas ocasiones los mismos se encuentran en mal estado o en proceso de estarlo, sobre todo en el caso de frutas y verduras. Otra carencia en este terreno se encuentra en la provisión de carnes rojas y blancas. La misma tiene que ver tanto con la escasez como con el estado de dureza en la que se encuentra, razón por la cual muchas mamás me han comentado que deben rayar la porción de carne para tornarla comestible.
Un tercer reclamo importante concierne al estado higiénico del lugar. Aún cuando en apariencias una persona va a realizar desinfecciones semanalmente, o la asiduidad es insuficiente o los productos utilizados no sirven ya que pululan las cucarachas y en los últimos tiempos piojos, mosquitos y hormigas.
Estas situaciones pueden y deben ser solucionadas por los poderes públicos. No podemos olvidar que esta cárcel se creó con el fin expreso de albergar niños/as y que las mujeres presas y sus hijos/as merecen un trato digno y un ambiente sano que no degrade su condición humana.






