30 de Diciembre, 2011
¿Cual fue la sorpresa?
Fernanda Gil Lozano, diputada MC de la Coalición Cívica
No me sorprendió enterarme que Marcelo Tomaselli mató delante de toda su familia a Carla Figueroa. Luego de muchos años de trabajar con personas violentas y también con sus víctimas, me hacen pensar con cierto nivel de infalibilidad la conducta posterior de las personas que actúan dentro de un sistema de violencia. Esta conducta enferma cuenta con muchísimos mecanismos culturales que la encubren y enmascaran sin permitir pensar que se trata de una enfermedad social, con muchísima virulencia y que, como toda epidemia, no se frena ante ningún sector social, es democrática.
Sinceramente cuando Carla declaró que perdonaba a su violador y que lo amaba, tampoco estuve sorprendida porque es parte de la sintomatología de este proceso, se lo describe como el síndrome de Estocolmo y existe abundante bibliografía al respecto.
Mi sorpresa fue cuando la justicia hizo lugar a este pedido, por ejemplo, si alguien roba y el delito se comprueba me pregunto, aunque la víctima fuera la madre, y esta pida por la libertad de su hijo, alegando que la robo a ella, que no va a volver a suceder, los jueces ¿le dan la libertad? Seguro que no. Qué estaban evaluando los peritos que elevaron el informe positivo de este criminal (Tomaselli): que llegaba temprano al comedor, que le contestaba bien a sus carceleros, que no se peleaba con otros detenidos. El problema o inconducta de este criminal pasa por otro lado, no es evaluando con estos parámetros que vamos a llegar a conclusiones pertinentes con la enfermedad en donde “víctimas y victimarios” forman parte de un vínculo maldito, pero vínculo al fin y muy fuerte, muy difícil de desarmar.
Los jueces, que siguen durmiendo, lo digo porque dejaron en libertad a Barreda, al novio de Carolina Aló, que también amenazó a su actual esposa, y muchos otros que no incorporo para no aturdir. Estos jueces, qué estudian sobre violencia de género, les importa la situación de estas víctimas, ¿están a la altura de las circunstancias?
La vida de las mujeres en nuestro país tiene poco valor, nuestros códigos penales dan mayores penas por robar vacas que por secuestrar mujeres, seguimos sin tipificar el delito de femicidio y somos indulgentes con los jueces que permitieron la libertad de un criminal.
13 de diciembre 2011






