7 de Septiembre, 2011
Derecho a réplica
Debatir ideas, perspectivas, posiciones sobre qué políticas públicas se requieren para hacer frente a la problemática de la trata de personas contribuye a hallar herramientas más adecuadas y eficaces para prevenir y acabar con este aberrante delito.
Polemizar sobre si existen o no mitos, sobre si la inseguridad es tan sólo una sensación, como afirmaba hasta hace tan poco tiempo un ministro de un gobierno que parece últimamente desdecirlo, es ciertamente importante para impulsar acciones que favorezcan la convivencia social.
Ahora, tergiversar lo que se dice en una entrevista para llevar agua al molino propio, es algo bien distinto, y poco tiene que ver con desactivar “mitos” o informar sobre la realidad. Y esto es lo que ha hecho la periodista Mariana Carbajal en la nota “El mito urbano de la trafic blanca” publicada por Página 12 el 4 de septiembre de 2011, atribuyéndome cosas que no dije y ridiculizando otras que sí dije.
Jamás vinculé la desaparición de la niña Candela con una trafic blanca. Dije que en este país, la desaparición de la niña y el prologando cautiverio que tuvo un terrible final, demuestran la ausencia de protocolos para dar respuestas a situaciones tan graves como esta.
Dije también (y mandé una alerta, efectivamente) que en mi despacho se habían incrementado las denuncias por intentos de secuestros de chicas en determinadas zonas de la Capital Federal. Y mencioné, como ejemplo, tres casos. Es posible que para la periodista, gustosa de citar estadísticas, estos datos no sean dignos de ser tenidos en cuenta o solo le resulten útiles para hacer lo que efectivamente hace: acusarme de contribuir a un mito y a expandir el pánico. Olvida la periodista, en todo caso, que detrás de esos números hay seres humanos y no mitos, y que los intentos de secuestro se operan sobre seres humanos, no sobre fábulas. Olvida la periodista que verbos como debatir, reflexionar, intercambiar, admiten varios sinónimos. Ninguno de ellos es tergiversar.
Fernanda Gil Lozano





