26 de Agosto, 2011
La agenda femenina tiene banca
La representación femenina en el Parlamento es en Argentina una de las más altas del mundo. Cuestiones de género y temas asociados a los intereses de la mujer empezaron a ganar espacio en ambas Cámaras desde que, hace 20 años, la ley de cupo femenino le cambió la cara al Congreso. Quiénes son las adalides del cambio y qué agenda impulsan desde sus bancas. Cómo lograron consolidar un consenso transversal poco común en la política argentina hoy.
Tienen banca propia y comparten una agenda política común, aunque pertenezcan a fuerzas distintas. Algunas veces, son aliadas, y otras, rivales. Confrontan en internas femeninas, pero también juegan fuerte en los debates generales del Congreso. Cuentan con líderes (o lideresas, como dicen las feministas), espacios y seguidores. Y también con líneas internas, banderas y leyes que consideran caballitos de batalla: así es el mapa de las mujeres en el Congreso argentino, uno de los diez parlamentos más “femeninos” del mundo.
El acceso masivo de las mujeres al Congreso, gracias a la ley de cupo sancionada en 1991, produjo una enorme cantidad de transformaciones no sólo en el Parlamento, sino en la política criolla, pero sobre todo hizo visible una versión femenina del mundo, construyendo una agenda alternativa y complementaria, que incorporó nuevos derechos, necesidades y puntos de vista de, nada menos, la mitad de la ciudadanía. Nuevos derechos políticos que fueron refrendados por la Constitución reformada en 1994, que garantizó la herramienta de las “acciones afirmativas”, es decir, la inclusión vía un cupo -en la Argentina es del 30 por ciento- de mujeres en las listas electivas de los partidos.
En 2011, se cumplen veinte años de esta ley, que hoy se traduce en un Congreso feminizado, con un 38 por ciento de legisladoras (ambas Cámaras tienen una proporción similar), lo que ubica a la Argentina entre los diez primeros países del mundo, superando a países desarrollados como Gran Bretaña, Canadá y Alemania.
Dos logros políticos de alto impacto pueden acreditarse las mujeres políticas: la construcción de una Agenda de Género, consensuada entre legisladoras de distintas fuerzas políticas -sobre todo de las bancas mayoritarias-, que pone sobre el tapete un conjunto de iniciativas a favor de la equidad de género, y la Banca de la Mujer (ver recuadro).
“El impacto de la ley de cuota -que rige en todas las provincias, con la excepción de Jujuy- ha sido muy importante y se ha expresado en la presentación de proyectos orientados a la defensa de los derechos de las mujeres, muchos de los cuales se convirtieron en leyes, como la de derechos reproductivos, la de violencia doméstica y la que establece la cuota sindical. También se ha logrado colocar en la agenda pública temas históricamente evadidos, como el aborto y la trata de personas”, apunta Nélida Archenti, investigadora del Instituto Gino Germani, que se especializó en estudiar los efectos políticos del cupo.
LOS ADALIDES DEL CAMBIO
- Juliana Di Tullio (FPV)
- Cynthia Hotton (Valores para mi país)
- Vilma Ibarra (Nuevo Encuentro)
- Laura Alonso (Pro)
- Graciela Camaño (Bloque peronista)
- María Luisa Storani (UCR)
- Cecilia Merchan (Libres del Sur)
- Fernanda Gil Lozano (Coalición Cívica)
- Alicia Comelli (Mov. Popular Neuquino)
Del cupo a la paridad
Durante los años noventa, a partir de la puesta en vigor de la ley, se aprobaron iniciativas importantes, como la incorporación de las amas de casa al sistema de pensiones y jubilaciones (1997), la ley que reconoce la pensión al cónyuge sobreviviente, aunque la pareja no esté legalmente casada (1993, y favorece básicamente a las mujeres, quienes estadísticamente tienen mayor expectativa de vida), la que impide el despido por cuestiones de sexo u orientación sexual (1998) o la supresión del delito de adulterio del Código Penal (1995), que básicamente cargaba contra ellas.
Un hito en este largo camino fue, en 2006, la aprobación en el Congreso del Protocolo Facultativo de la Convención sobre Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (conocido por sus siglas en inglés, Cedaw). El Convenio instaura la posibilidad de plantear denuncias en forma individual ante los órganos de protección internacional.
Pero, además de las leyes pro femeninas, un Parlamento con más mujeres produjo otros efectos colaterales, no menos importantes: “Empezaron a hacerse visibles los déficits de presencia femenina en otros poderes, como la Corte, lo que años más tarde se tradujo en la inclusión de las dos juezas [Carmen Argibay y Elena Highton de Nolasco]. Y luego, nos dimos cuenta de las discriminaciones más sutiles, pero igual de excluyentes, como la desigual distribución de prestigio social en las tareas asignadas a varones y mujeres, también en las cuestiones del poder”, explica María Inés Tula, politóloga del equipo que lidera la doctora Nélida Archenti, principal investigadora en los efectos del cupo o la “cuota”, como se la conoce a nivel internacional.
Dora Barrancos, historiadora de género y directora del Conicet, asegura que otro efecto es que las mujeres en el Congreso van generando un “cambio ambiental”, en el sentido de que, “los varones van incorporando otras perspectivas menos machistas, aunque sólo sea porque es políticamente correcto hacerlo”.





