Tema tratado: adelantar las elecciones
Sra. Gil Lozano.- Señora presidenta: no voy a referirme a aspectos técnicos o formales, pues me parece que ya se han expresado todos.
Quiero dejar una reflexión vinculada con la relación que estamos teniendo en este momento con la sociedad, a cuyos ciudadanos teóricamente debemos representar.
Para esto me retrotraeré a la crisis de 2001, que no ha ocurrido hace tantos años. En esa época recuerdo que un gran número de políticos sufrió realmente la repulsa de toda la ciudadanía.
Estos hechos se pueden justificar o repudiar, pero de alguna manera reflejan un estado de ánimo del ciudadano frente a nosotros. Esa crisis pasó, pero creo que nuestra credibilidad quedó seriamente dañada.
Posteriormente, producto del crecimiento económico, se va modificando esta actitud y comienza a generarse un nuevo vínculo entre la ciudadanía y la clase política, pero no se restablece por completo.
Hoy hay una relación entre la ciudadanía y la política matizada con síntomas de desconfianza. Muchos sectores salen a la calle a manifestarse por los motivos más diversos, ya sea porque se quedan sin trabajo, les falta el agua, les dieron viviendas en malas condiciones, por las retenciones o por la seguridad.
A raíz del proyecto que hemos estado discutiendo hoy durante toda la tarde he recibido por lo menos treinta correos a través de mi teléfono donde me hablan de distintas movilizaciones en todas partes.
Me parece que está bien que discutamos la ley, como lo hemos hecho durante toda esta tarde, pero creo que se trata de un problema interno que nos interesa a nosotros; me parece que la ciudadanía está con otras dificultades.
Sinceramente considero que hay señales que nos están acercando nuevamente al año 2001. La semana pasada se votó aquí una ley marco de violencia de género. Sin embargo, un patotero que tengo como compañero en esta Cámara tuvo el tupé de insultar y amenazar de muerte a una compañera de bancada, y la negación que todos tienen, y no por nada mayoritariamente varones, cuando digo que hay 500 mujeres en los prostíbulos todos se ríen, aunque a espaldas o a escondidas me llaman y me dicen: “Tengo una persona desaparecida, ayudame”. Y yo los ayudo. Votaron impunemente una ley que es una basura -la ley de trata-, y que hace diferencias de las víctimas. Ahora abuchean, en privado piden disculpas.
Este señor se comportó como un golpeador con la mujer golpeada. Vino despacito, estableció una atmósfera privada y amenazó a la diputada. Después se fue rápidamente y dijo: “Yo no dije eso. ¡Qué barbaridad!”. ¿Qué es lo que hacen sus colegas compañeros? No dicen absolutamente nada como no dijeron nada cuando discutimos la violencia de género, porque estaban en otro lado. Se fueron todos, las mujeres solas nos quedamos hablando de la violencia de género…
Mi compañera dijo lo que hay que decir en la forma en que hay que hacerlo, y no insultó a nadie. Este es un lugar fuerte de discusión. Aquí discutimos ideas; y esto es válido, pero yo no tengo ningún derecho de acercarme a la otra bancada para insultar o amenazar a nadie. Esto no está bien de ninguna manera; mucho menos decir: “No te metás con tal cosa porque te vamos a hacer cagar”. Estas fueron las palabras que utilizó.
Creo que estamos en un contexto donde votamos determinadas cosas y no las podemos aplicar. Dicen que la sociedad es fascista porque pide la pena de muerte. Yo me encuentro con muchas madres que me dicen por qué no vuelve el servicio militar obligatorio. También podría decir: ¡qué fascistas que son! ¡Qué vergüenza! Lo que yo pienso es que la gente está pidiendo políticas públicas que no aparecen por ninguna parte.
La gente está desesperada y nos damos el lujo de estar discutiendo cuestiones, en el marco de una interna que nos importan sólo a nosotros. El tema del campo no lo resolvimos, y hay un montón de otros asuntos que podría citar como ejemplo. El conurbano está lleno de narcotraficantes que están dirimiendo territorio. Sin embargo, tenemos un ministro que dice que está todo bien. Eso es violencia.
Sinceramente creo que esta tarde que hemos pasado, en la que algunos expusieron mejores argumentos y otros no tanto, sólo nos interesa a nosotros. Debemos utilizar mejor nuestro tiempo, porque el país nos está demandando otro tipo de acciones que nada tiene que ver con esto. La ética y los principios republicanos se ven en los momentos de crisis, cuando está todo bien todos somos espléndidos. Aquí la ética la tenemos que probar en la dificultad, al igual que la política y que los principios que decimos que defendemos. Y si votamos favorablemente un proyecto con un marco de género y de violencia, no tienen que venir acá a decirnos “¡Estuviste bien! ¡Qué barbaridad!”. Tienen que agarrar el micrófono y solidarizarse con las mujeres que fueron agredidas. Eso es lo que debieron haber hecho. (Aplausos.)